Refinanciación de deudas
A pesar de que el volumen de préstamos personales y créditos al consumo que se ha ido concediendo en estos últimos años se ha reducido de manera drástica, como consecuencia de la crisis y de las altas expectativas de desempleo de gran parte de la ciudadanía española, todavía existen muchos préstamos vivos que tienen que ser devueltos, préstamos que acaban refugiándose en la refinanciación de deudas.
Unos préstamos que, como consecuencia de la escalada del Euribor, comenzarán a pagar más en breve, al verse elevado el tipo de interés que el cliente tiene que pagar en sus préstamos, con lo que las cuotas mensuales se elevarán y, con ello, se limitarán, aún más, los presupuestos familiares.
Ante este mayor ahogo generalizado, la refinanciación de deudas aparece como la única solución plausible, como la mejor manera de conseguir relajar la cuota mensual, aún cuando al final de la vida del préstamo final se acabe pagando un mayor volumen global de intereses.
Con la refinanciación de deudas el cliente consigue reunificar todos los préstamos en uno solo, y convertir todos los préstamos personales en un préstamo hipotecario, con un menor tipo de interés, y a un mayor plazo de amortización, con lo que la cuota mensual se reduce.
Evidentemente, para poder realizar una refinanciación de deudas se necesita ser titular de una vivienda que pueda servir como garantía hipotecaria para novar una hipoteca. Con el dinero de la hipoteca concedida, o ampliada, se cancelan los préstamos personales o créditos al consumo que pudiera tener el cliente y se pasa a tener sólo un préstamo.
Este préstamo se alarga más en el tiempo, no hay duda, y acaba pagando más intereses, tampoco hay duda, pero permite una situación más desahogada para el conjunto familiar, de manera que los presupuestos quedan ajustados y permiten vivir con mayor holgura.
La refinanciación de deudas tuvo muy mala reputación durante los años de vigencia de la burbuja inmobiliaria, a consecuencia de la falta de profesionalismo de muchas empresas. Pero éstas se han visto filtradas con la crisis, y las que quedan son de demostrada solvencia, amén de ser ahora supervisadas por los reguladores económicos españoles.

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