La deuda privada

El estallido de la crisis financiera y económica tuvo dos causas fundamentales y relacionadas entre sí como fueron, por un lado, el fomento indiscriminado del endeudamiento privado, por parte de las entidades financieras, y el tremendo agujero de deuda privada que se forjó durante los años de crecimiento del sector del ladrillo.

Por tanto, una condición inexorable para que el país pueda salir de la crisis pasa por la reducción drástica de la deuda privada, algo que, en principio, se podía haber estado dando durante los últimos años, habida cuenta de la congelación del crédito, pero que, en realidad no se está dando.

Según los datos del Banco de España la deuda privada se sigue manteniendo en valores muy similares y no se ha reducido significativamente durante toda la duración de la crisis, lo cuál está retrasando la recuperación y postergándola para el año 2012 o 2013.

La consecuencia más inmediata del volumen de deuda privada que arrastra España pasa por unos intereses más elevados y por unas condiciones más restrictivas para dicho endeudamiento privado. Ello conlleva que muchos proyectos de inversión empresariales y muchas inversiones familiares se tienen que cancelar ante la falta de crédito, o ante la falta de cumplimiento de las condiciones exigidas para alcanzar dicho crédito.

De hecho, durante este año 2011 que ahora empezamos los bancos y cajas ya han empezado a aplicar condiciones más restrictivas a todos los préstamos personales que conceden a sus clientes, para protegerse de los índices de morosidad tan elevados, los cuáles, con la deuda privada en el porcentaje que se encuentra ahora mismo, no tiene visos de reducirse.

Y es que con la tasa de desempleo que maneja España, con más de cuatro millones de personas desempleadas, y con la finalización de las prestaciones contributivas de desempleo, la deuda privada está condenada a convertirse en morosidad en breve, si no se cambian las tornas.

Un cambio que debe de llegar liderado por la creación de empleo, que permita que la deuda privada se reduzca a medida que las familias y empresas consiguen ingresos suficientes para ello, un cambio, sin embargo, que no se atisba en el corto-medio plazo.

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