Los préstamos al consumo se convierten en la tabla de salvación de la banca

Los bancos y cajas españoles están sintiendo la crisis económica como los que más, especialmente en las dificultades que están teniendo para poder mantener los márgenes comerciales en sus productos financieros, de forma que no consiguen rentabilizar sus actividades, teniendo en cuenta especialmente el exceso de precio que tienen que pagar en los mercados internacionales.

Por ello, muchas de las entidades financieras, o al menos las que se lo pueden permitir, están orientando sus políticas comerciales a la venta de préstamos y créditos al consumo, que ofrecen un mayor rentabilidad a las entidades en base al mayor tipo de interés que generan.

Mientras que el tipo de interés medio de un préstamo hipotecario puede oscilar entre el 3-5%, el tipo de interés medio de un préstamo al consumo se mueve en el entorno del 10%, con lo que la diferencia es notable y notoria para las ganancias de la entidad financiera.

Sin embargo, los préstamos al consumo arrastran una tasa de morosidad mucho mayor que los préstamos hipotecarios, por lo que no todas las entidades pueden lanzarse a esta carrera, sino sólo aquellas que disponen de la liquidez necesaria como para sostenerse si se produjera algún impago.

El BBVA, por ejemplo, se está caracterizando en estos últimos meses por intentar captar clientes a través de la comercialización de productos crediticios al consumo, de forma que la importancia de estos préstamos en sus operaciones ha crecido del 14,5% de marzo al 19% en mayo, con una campaña que comenzaron en el mes de abril que les ha llevado a firmar más de 48.000 operaciones por un valor total de 530 millones de euros.

No podemos olvidar, por otro lado, que a pesar de que las entidades financieras se lancen a esta campaña sin final de captación de márgenes comerciales y de clientes de larga duración a través de los préstamos personales y de consumo, lo cierto es que la demanda de este tipo de financiación ha caído drásticamente en los últimos meses debido a la incertidumbre económica del futuro más inmediato, con una gran cantidad de ciudadanos todavía en situación de desempleo y otros tantos con la espada de Damocles todavía pendiendo sobre sus cabezas.

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