Préstamos con nómina

Vivimos una época en la que la restricción del crédito es realmente lacerante, en la que estamos sufriendo las consecuencias de los excesos del pasado, y en la que las entidades financieras en general están restringiendo sus créditos a la mínima expresión, aunque todavía hay un pequeño espacio para los préstamos con nómina.

Y es que la nómina se ha convertido en esencial para poder optar a un crédito. Hace tres o cuatro años, se podían obtener préstamos, hasta hipotecas, justificando ingresos irregulares, o fuera del circuito legal, pero ahora no, ahora la nómina es necesaria y sólo se conceden préstamos con nómina.

Se trata de una medida lógica, porque lo que hace unos años eran empleos que podían generar mucho dinero más allá de lo que figuraba en nómina, hoy en día esa situación es impensable, ya que no existen las horas extras, ni los trabajos pagados fuera del circuito. La crisis ha afectado a todos y el empleo se ha reducido sobre manera, por lo que los préstamos con nómina son la única alternativa.

Por ello, cualquier persona que quiera acudir a una entidad financiera al uso necesitará disponer de una nómina que justifique unos ingresos mensuales regulares, pudiendo disponer de una cantidad de dinero u otra en función del valor de estos ingresos. Otra cosa son las empresas financieras no habituales.

Estas entidades son más dadas a saltarse la regla de los préstamos con nómina, y conceder préstamos sin muchas restricciones, porque su gran objetivo es el volumen y para los riesgos acarreados ya cargan intereses que rozan el concepto de usura, más que el de préstamo financiero.

Sin embargo, estas entidades, cada vez menores en número debido al duro golpe de la crisis, se han ganado cierta mala reputación a pulso, a base de articulados sospechosos en sus contratos, que llevaban en más de una ocasión a la pérdida de propiedades inmobiliarios de los prestatarios.

Por tanto, la mejor opción son los préstamos con nómina en entidades habituales, supervisadas por el Banco de España, y con las suficientes garantías como para no caer en trampas financieras que puedan ocasionar daños irreparables.

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