Préstamos personales para financiar consumo minorista

Tradicionalmente los préstamos personales venían siendo utilizados para la financiación del consumo mayorista, es decir, aquél que por su tamaño o por su precio no se podía realizar con la liquidez habitual que una familia suele tener para llevar a cabo su día a día rutinario, pero los años de bonanza económica y burbuja inmobiliaria cambiaron esa tendencia.

Desde mediados de la primera década de este siglo XXI se han venido utilizando los préstamos personales con un alto grado de irresponsabilidad, financiando consumos minoristas que deberían de quedar abonados con el ahorro propio de las familias y no con la financiación.

Porque la financiación a través de los préstamos personales genera una serie de gastos que deben de ser tenidos en cuenta a la hora de valorar la conveniencia, o no, de utilizarlos para financiar consumo minorista. En primer lugar, los gastos de administración, que incluirían la comisión de apertura, por ejemplo, y los gastos de registro y de notaría. Y, por otro lado, los gastos de los intereses generados.

Y es que no se puede olvidar que el tipo de interés aplicado sobre los préstamos personales es generalmente mayor al que se aplica sobre los préstamos hipotecarios, por ejemplo, por lo que un producto o servicio que podría estar costando 100, acaba costando 110, lo cuál encarece artificialmente el consumo final.

Durante los años de bonanza esta diferencia parecía no importar, ya que todas las familias tenían más dinero del que necesitaban y parecía que el futuro sólo podía deparar buenas noticias y nuevos ingresos de dinero, pero que con la llegada de la crisis la situación ha cambiado y cualquier céntimo cuenta, por lo que es importante tomar decisiones económicas eficientes a todos los niveles y no malgastar ni derrochar un sólo céntimo.

Todo ello ha provocado que la crisis económica y financiera esté siendo más dura de lo que debería haber sido, ya que el sobreendeudamiento privado de las familias ha provocado que no tengan la capacidad necesaria para iniciar un nuevo proyecto vital ni para que se puedan recuperar de la falta repentina de ingresos por la pérdida del empleo.

 

 

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