Registros de morosos

En estos momentos de dificultades económicas en los que pagar todas las letras que nos llegan se convierte en una labor harto complicada, el figurar en cualquiera de los registros de morosos más habituales de nuestro país puede convertirse en algo habitual para una familia honorable que, hasta ahora, siempre había pagado sus deudas. Por ello vamos a repasar ligeramente lo que son estos registros morosos.

Se trata de empresas privadas que se dedican a realizar un registro de las personas que acumulan una serie de deudas. Para poder pasar a figurar en uno de estos registros es necesario tener al menos cuatro recibos impagados, y éstos pueden ser de cualquier tipo, no sólo financieros.

Los registros de morosos más prestigiosos y habituales en nuestro país son: Registro de Asignaciones Impagadas (RAI) y Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (ASNEF – EQUIFAX).

Para que una persona pase a estar inscrita en uno de estos registros, la empresa proveedora del bien o servicio sobre el que se ha producido el impago tiene que justificar que se han producido, al menos, cuatro impagos y que se le ha comunicado al cliente por escrito la deuda. Si éste no ha ejercido el pago de la misma, entonces, pasará a formar parte de uno de estos registros por un período de 6 años.

El problema es que todas las empresas comercializadoras de productos financieros se fijan en estos registros para dar validez, o no, a sus productos de financiación y aparecer en un registro de morosos es una sentencia de muerte financiera ya que nadie concederá ningún crédito.

Por otro lado, si por algún motivo una persona aparece en un registro de morosos por una deuda que no corresponde, generalmente porque no se ha entregado el producto o realizado el servicio de la manera correcta, tiene derecho a reclamar su eliminación de este registro de morosos e, incluso, y según que casos, solicitar una indemnización.

En definitiva, los registros de morosos son una marca que nadie querrá tener porque determina la imposibilidad real de obtener cualquier tipo de financiación en el futuro más inmediato (al menos 6 años).

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